Alumno:
Francisco Juan Oropeza
LA CORRUPCIÓN DE MENORES: La corrupción de
menores constituye un complejo fenómeno social cada vez más frecuente y
preocupante, sobretodo por el carácter sutil con que aparece y por la honda
huella traumática que deja entre sus víctimas. Haciendo una rápida revisión de
las estadísticas de los últimos años sobre los casos de maltrato a menores
denunciados ante el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), se hace
notable el pavoroso incremento ¾ a veces duplicación y hasta triplicación de un
año al otro ¾ de este mal en el Estado de Jalisco. Simplemente, para dar una
idea de su gravedad, mencionaremos que en 1999 fueron comprobados 616 casos de
maltrato viéndose involucrados 1221 menores. La compleja naturaleza de este
fenómeno y su rápido crecimiento obligan a revisar el impacto que tienen y han
tenido las diversas estrategias que se han implantado desde las distintas áreas
de injerencia social para atenderlo y prevenirlo.
En nuestra opinión resulta interesante la analogía de la corrupción
del menor como enfermedad, ya que este concepto, original de la medicina, es en
un sentido amplio aplicable a cualquier sistema de organización para referir un
estado en el que los procesos tienden a la desintegración y, por ende, disfunción
o desaparición del sistema bajo observación. El estado contrario, la salud,
hace referencia por su parte a una organización tal de los procesos que se
caracteriza por la integridad, la conservación y el desarrollo del sistema.
Una vez que un fenómeno se identifica como
"saludable" o "enfermizo", adquiere entonces la connotación
respectiva de deseable o indeseable, y lo deseable a su vez se convierte en un
valor a alcanzar. De aquí que todo comportamiento o conducta que tenga como
meta el valor de la salud adquiera consecuentemente carácter normativo.
El adulto ejerce su papel ante el menor de dos maneras. La
primera es proporcionando al menor eventos o situaciones en la medida de
sus posibilidades. Dichos eventos o situaciones pueden tener distinto carácter
deseable de acuerdo a la norma, por lo que pueden ser "satisfactores"
como el alimento, la vivienda, el vestido, el cariño, la educación, etc., o
pueden no serlo como los golpes, la violencia sexual, los insultos, la
inducción al vicio, etcétera.
La segunda manera en que el adulto ejerce su papel es evitando
la ocurrencia de eventos o situaciones para el menor. Al igual que en el caso
anterior, dichos eventos pueden tener diferente carácter deseable de acuerdo a
la norma. El adulto puede evitar que el menor sea objeto de eventos o
situaciones "dañinos", como las enfermedades, insultos, golpes o
violencia sexual de otras personas, inducción al vicio, etcétera, que en el
habla cotidiana referimos como "proteger" al menor. Pero también el
adulto puede evitar que el menor tenga contacto con eventos o situaciones
deseables de acuerdo a la norma, como una mejor alimentación, vestido,
vivienda, educación o el cariño de otros familiares.
El papel del menor como instrumento ocurre cuando el
adulto hace uso del menor como medio para obtener un beneficio material o
psicológico inmediato de otra persona o circunstancia. En este caso el adulto
emplea al menor como extensión de sus propias capacidades, ignorando o haciendo
caso omiso del riesgo al que se enfrenta el menor ante la situación, quien se
presenta como actor aparentemente autónomo y movido por sus propios impulsos o
intereses. Esta forma de intencionalidad del maltrato ocurre en casos como
cuando un adulto usa al menor para entrar a robar a un domicilio. También es el
caso cuando uno de los padres instruye a su hijo para mostrarse indiferente
o agresivo ante el otro progenitor, a manera de venganza.
o agresivo ante el otro progenitor, a manera de venganza.
El papel del menor como inversión se da cuando el
adulto hace uso del menor induciéndolo a determinados hábitos o costumbres con
la finalidad de obtener un beneficio material o psicológico a largo plazo para
él mismo o para otras personas o circunstancias. En este caso el adulto ve y
emplea al menor como una fuente potencial de su propio beneficio, directo o indirecto,
y actúa enseñando o instigando al menor a que adquiera ciertos patrones o
tendencias conductuales cuya práctica genera dichos beneficios. Este caso
representa, desde nuestro punto de vista, la mejor definición del fenómeno de
corrupción de menores. La inducción de los menores al alcohol, las drogas, la
prostitución, la homosexualidad, la pornografía, el vandalismo, etcétera, son
todos ellos instancias de este tipo de intencionalidad en las acciones de
maltrato.
Comentarios
Publicar un comentario